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Siempre me han fascinado los sueños, el problema radica en mi mala memoria y lo volátiles que resultan; por suerte, del que acabo de salir lo recuerdo perfectamente. Tal vez debería estar trabajando en este momento y no repasando cada segundo de él. Incluso pudiera ser que algún día te lo comparta, no sé, de momento te platico que fue como un cuento, de esos que a uno le gustaría poder escribir algún día; poco antes de despertarme me encontraba en la parte superior de una torre desierta, erguida al pie de un lago inmenso con caminos rojizos, amarillos y anaranjados trazados sobre el agua por antorchas, el viento, fresco y fácil de olvidar, no lograba opacar la música, tan oportuna, tan adecuada, tan vieja como el continente, interpretada por nativos en una aldea cercana, bailando con la princesa más hermosa de todos los cuentos. No veo la hora en que el sol se ponga, en ir a dormir, para, con suerte, retomar el sueño justo donde nos quedamos.
m77 | Andanzas, Cuentos | 27 Marzo, 11:25pm
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Hace ya varios días que no escribo; bien podría culpar al trabajo, refugiarme en una lista interminable de quehaceres acumulados y empolvados, alegar que no me queda tiempo en los viajes, que en toda Oaxacalifornia, lo siento, que de Oaxaca a la Baja no hay historias merecedoras, incluso tengo a mi favor que te consta me la he pasado volando y así es un tanto difícil aterrizar las ideas.
Podría también usar en mi defensa que las palabras no han venido a mí, como si alguna vez lo hubiesen hecho, que me han abandonado, que no hacen ya más escala por acá, que ni siquiera me han llamado para saber cómo estoy; que prefiero vivir el cuento que escribirlo, que no hay poesía que alcance a describirte, que no bastarían mil imágenes para expresarte lo que siento, que las palabras que preciso no han sido, ni lo serán jamás, inventadas.
Podría armar algo nuevo, andarme por las ramas, organizar una pelea con final feliz en algún ring paradisiaco donde pudieras lucir la hermosura de tus pies desnudos.
Las cosas cambiaron, no es lo mismo escribir pensando en ti con la esperanza que al leerlo desearas ser la princesa, la reparadora de días, la reta en el scrabble, la muñeca, la del café Keks, la escritora, la del kiosco en la plaza, la destinataria en mis postales, la pintora, la del aliento de polvo de hada, la contrincante en un juego de damas, la hechicera, la que me desarma, la flaca, la que domina el lenguaje, la rebelde, la del papalote, el final alternativo de las películas, la shula, la compañía en el cine, la espantada, la contradicción en mi adicción, la líder, la de los acertijos, la que me hace perder los vuelos, la sirena, la de las canciones, la adversaria en una guerra de codos, la morena, la de la boca de fresa, la fotógrafa, la víctima de un asalto, la musa, la del corazón de niña o la del licuado de papaya, a que estés completamente consciente de que lo eres; tratar de ocultarlo, aparte, sería tan absurdo como pretender esconder a la lepa detrás de tus pupilas.
No podría confesarte ésto si además de mi princesa, no fueras mi mejor amiga.
limdplp.
m77 | General, Cuentos | 16 Marzo, 5:37pm
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Aquí la avanzada del noroeste reportándose para hacer de su conocimiento que el día de hoy, domingo veintisiete de enero del año dos mil ocho a las cuatrocientas cincuenta y cuatro horas, fuera fusilada la líder[0] de la rebelión.
Protegida por la madrugada no se alcanzaba a distinguir claramente su cara. Yo mismo me acerqué para remover de su rostro el cabello desaliñado, dejando a descubierto un tiritante y hermoso par de ojos humedecidos, más por el placer de contemplarlo que por la obligación de identificarlo. Su última voluntad no pudo ser escuchada, a pesar de la corta distancia, por la algarabía padecida en el paredón, más, pareció no darle importancia, prefiriendo acurrucarse, embonando a la perfección como si ese hubiera sido siempre su lugar, en los brazos de la línea de fusilamiento. Justo estaba por ordenar fuego cuando alcancé a escuchar me preguntaba, con la mirada clavada, qué era lo que estaba haciendo. No supe más que tomar el arma de metralla y descargarla contra sus labios, viendo, como en cámara lenta, la manera en que los casquillos de besos recién quemados iban saliendo disparados, impacientes por tan larga espera que muy bien valió la pena. No hubo un cese al fuego hasta al alba.
[0] Lideresa según la R.A.E., más es absurdo ya que la primera no indica género.
m77 | General, Cuentos | 27 Enero, 9:21pm
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No sé amar como aquí juegan recitaba Edel, tal vez por eso me alejé; construí un hogar en la tierra de nadie en lugar de la de nunca jamás; habitaba en el exilio de aquellos momentos que ya no regresarán. Alimentado por las sobras que quienfuera me quisiera dar, en un claustro, en un estado casi monástico, donde el tiempo, por lo menos el que me corresponde, se empezó a devaluar. Ermitaño, según unas personas, bonachón, decían otras, dejé de largo el camino y me detuve. El descanso rápidamente se convirtió en siesta, y ésta a su vez en sueño, en un sueño sin descanso del que no podía escapar; toqué fondo en pesadillas más hermosas que la realidad. Me perdí el respeto, pero nunca a los demás.
Como en vil cuento de hadas, sin reparar en los estragos de un coma voluntario y prolongado, decidiste despertarme; por falta de lienzos, porque creíste que obtendrías tu obra maestra o simplemente por el reto, pintora de sonrisas.
Ahora de vuelta circulando en un mundo tan ajeno. ¿Cuándo fue que cambiaron las reglas? ¿Quién lo hizo? Más importante aún, ¿por qué las aceptaron? Cuando en Roma dicta el dicho, y en más de un caso le apoyaría, en éste no; me resulta inverosímil comprobar cómo cada uno entra al reparto de este acto sin sentido, en el cual no puedo, ni quiero, permanecer de espectador; me uniré al elenco, más elegiré el antagónico, qué importa la nulidad de mis dotes histriónicas y que de acuerdo a la condición de mi personaje, esté destinado al fracaso; pelearé en este teatro sin butacas, sobre un escenario sin telón, confiando en que la cordura prevalezca, esperando ir encontrando gente que vea el mundo como yo.
Ahora, mirando a los ojos a la adversidad, es cuando has decidido ponerme a prueba y soltado el pincel; ocupa tu localidad y disfruta la función.
m77 | Cuentos | 20 Enero, 10:19pm
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A pesar de haber sido mi apoyo por tanto tiempo, mi compañera, quien a veces susurra en mi oreja izquierda y otras tantas la que calla, de haber sido mi confidente, mi consejera en tantas noches de indecisión, esta noche en especial, no sé si se deba a que tuve una carga excesiva de trabajo o mi mal humor hoy es más insoportable que comúnmente y me haga verte con ojo escudriñador, obligándome a encontrarte, perdón querida, más vieja y acabada que de costumbre, habré sido muy poco observador o es que quizá antes no me importó o simplemente no reparé tanto en ti, creo que hasta dejé de recordar cuándo fue nuestro primer encuentro años atrás... ¿Es normal?, ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿A todos les pasa? Promesas entre nosotros nunca hubo y me conoces bien, nada conmigo es garantía.
¿Cuándo fue que cambiaste tanto? ¿Cambié yo también?... se me hace casi imposible que hayamos pasado tanto tiempo juntos y hoy te vea así. No me dejarás mentir pero no eres ni la sombra de la sombra de lo que solías ser ¡Qué extraño!.
Te tengo en la cabeza y ¿adivina qué? Me duele y pareciera que es más que una simple jaqueca, ya no puedo conciliar el sueño pues, siempre, no importa a qué hora regrese a casa, tarde y con cansancio, te hallo lista para mí, preparada para dejarme hacer de ti lo que quiera en mi cama, siento mucho hacer ésto pero es por mi bien y si algo me ha enseñado la vida en estos más de treinta años, es a pensar un poco más en mí que en lo demás, ¿Egoísta? Sí, me gusta llamar a las cosas por su nombre también... sin más preámbulos y no siendo amante de las despedidas, te digo hasta nunca, sobrará afuera quien te quiera y te cuide, pues por mi parte, sé que me será fácil encontrar a otra y mañana esa será mi misión.
Disfruta de nuestra última noche juntos, mientras yo, yo te respiraré una vez más... gracias vieja almohada.
Cuentista invitada: Viviana García Machorro
Un honor poder contar algo suyo, en especial por ese twist que tanto disfruto en los cuentos.
m77 | Cuentos, Invitados | 13 Enero, 9:57pm
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Esto de andar con armadura brillante todo el día, de andar a caballo rescatando princesitas mamonas que ni las gracias dan o de salir a pelear con Dragones que sin deberla ni temerla se someten a la torturosa situación de dejar sus tesoros porque a un hijo de la chingada se le ocurrió la grandiosa idea de que era un buen día para conquistar un reino.
Pero eso no es todo, ahí tienes a los cabroncetes que se creen que pueden llegar a algo y comienzan a hacer la competencia, tienes que agarrar la espada, abrillantar el casco e irles a partir su reverenda madre, ¿Y todo para qué? Para un pañuelo que no sirve de nada, o para que la cabrona vaya y te ponga el cuerno con el pendejo del herrero, porque ah sí, él estaba en el momento preciso, cuando tú fuiste a conseguirle un collarcito de rubíes a la pendeja en turno.
¿Qué gana uno con ser un príncipe azul? Si cuando la devuelves al reino, la vieja loca te agradece por rescatarla te da un beso en la mejilla y se va corriendo a los brazos del cabrón que no se digno a salir de su escondite porque le temía al dragón y eso de pelear con pedos ajenos nunca ha sido lo suyo, porque la neta le da una weba, y sabe precisamente que el estúpido con espada la estado buscando y al final la va a sacar a flote.
Por eso, hoy dejo la espada, el caballo, y me convierto en el pendejo que ni va a ir a matar a la bruja, ni le va a importar si te comiste la manzana y te quedaste dormida o si te quedaste sin voz y no puedes decir que me amas, por eso hoy me olvido de los cuentos felices, de los cuentos para niños, porque ya estoy cansado de hacer de todo y que lo único que me he ganado sea otro dolor de cabeza.
Al carajo con las princesitas.
Atentamente
Ex príncipe azul de cuento.
Cuentista invitado: v.
http://jesus.uresti.torreon.org/
Un gusto poder narrar en mi blog un cuento del sr. v., más cuando es uno de esos que parece nos lo quitaron de la boca.
m77 | Cuentos, Invitados | 22 Noviembre, 2:49pm
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El viernes 16 de noviembre es el día internacional de robar besos, según un sistema de spam personalizado y personificado de página web. Pero vamos, que este cuento no se verá implicado en una rabieta hacia los sitios de redes sociales; hoy será tu cómplice, mi secuaz, nuestro sidekick.
Bajemos de la nube durante un párrafo tan solo para sentar las bases. Besos los hay de muchos tipos según la finalidad y el procedimiento; como saludo por ejemplo, en el dorso de la mano, siendo exageradamente formal, en la mejilla, el más empleado en nuestro querido país, en ambas, común en España o Paraguay, o tres seguidos alternando mejillas si eres aún joven y te encuentras en Tirol del sur; con connotaciones de afecto o sexuales, de piquito, seco, negro, de caracol, y el mojado, también conocido como francés; los cursis, de esquimal, de mariposa y los famosos, como el de Judas. El que aquí nos atañe no cabría en las definiciones de diccionario, sólo en la melosidad de este aficionado que no pudo reunir algo mejor que: la unión de dos pares de labios mientras se funden dos sueños. Partiendo de allí, un beso, pues, no se puede robar, sin embargo, me voy a permitir llamarle así con fines estéticos y prácticos a un beso inesperado.
Podríamos hacer el cuento largo y remontarnos a la época en que aquella niña, de trenzas largas y hermosas estampas en la mochila nos hacía renegar, a cambio, claro, de no dejar de molestarla; donde un beso no tenía cabida, salvo los que tuvimos la suerte de haber puesto los ojos en una equipada con hermana mayor y nos tomaron desprevenidos al final del pasamanos. Luego brincamos a la etapa de la manita sudada, cuando a uno los besos se le antojaban, pero no tenía idea de cómo acercarse, se inventaban pretextos para no faltar al cine, y ahí, al fondo de la sala, durante la trama de una película a la que jamás prestamos atención, tratábamos de escabullir, torpemente, un brazo al otro lado de su asiento, a modo de estar más cerca, y en una de esas jugarretas del azar quedar a menos de un palmo de su boca, donde, a menos que fueras muy penoso, empezábamos a experimentar el sabor dulce de los labios de aquella vecinita. Poco a poco fuimos perdiéndole el miedo, unos más que otros, en algunos casos la vecina fue desbancada por su prima, o por alguna jovencita de alguna secundaria local, o para qué irse tan lejos, por una de sus amigas, pero eso sí, cada día más enamorados. ¿Enamorados? Posiblemente sí. ¿De ellas? Probablemente no, del amor tal vez.
Después le da a uno por crecer, tratando de domar el enjambre de mariposas estomacales durante una guerra de bombardeos hormonales. Las relaciones, por lo general, duraban menos, cada tercer día nos encontrábamos expuestos a conocer al amor de la vida, se perdía el protocolo que incluía palomitas y refresco, y se adquiría uno nuevo, sin tantos rodeos, y con la ventaja de poder practicarlo en la escuela, en el parque, en la puerta de su casa, en el centro comercial, en las fiestas, en fin, donde nos agarrara la pasión. Algunos, más aventurados que otros, tuvimos el horror^whonor de besarlas en pijamas, durante una serenata más desafinada que improvisada. Luego llegaron los autos, pero como no todo podía ser miel sobre hojuelas también llegaron las salas de sus casas, con familia incluida.
Llegamos a una encrucijada, hubieron quienes siguieron hurtándole besos a la misma persona, e incluso algunos, hasta la fecha lo siguen haciendo; y hubimos otros que no. Estos últimos, que llegamos casi a prostituir nuestros labios con el pretexto de buscar a la princesa del cuento, algunos por el temor al compromiso, otros en una genuina cruzada, unos más por calientes, y otros tantos por razones ajenas al relato; corremos un riesgo; el riesgo de olvidar lo que es robar un beso. Habituados a la devaluación de hurtarlos sin más de quien no ofrece un reto, de pseudoprincesas guapas, en el mejor de los casos, pero que no aportan más que tranquilidad al cuerpo.
¿Cómo robar un beso? Primero encuentra a tu princesa. ¿Cómo saber si es la del último castillo? Es la que no es guapa, es shula, la que puede desarmarte con una mirada, que mantiene la guardia arriba, a la que le apasiona su oficio, quien te hace frente, la que domina el lenguaje, la que pierde la vista al contar sus planes, la que vibra cuando te le acercas, la que te hace reír, que es íntegra, honesta, bondadosa, amable y educada; la que te reta, la que es capaz de cuestionarte, la que empuja siempre los límites, la que tiene el corazón puro, de niña, con la que puedes discutir, la que defiende enardecidamente sus convicciones, a quien le corre por las venas esas ganas de hacer de éste un mundo mejor, la que es capaz de contrarrestar tus pesares con una sonrisa, aquella a quien se le dilatan las pupilas al verte, la que te hace perder la cabeza... Ya que la ubicaste, hazla enojar, y en medio de la discusión, toma su rostro con ambas manos, dile que te encanta, piérdete en sus ojos y róbale. ¿Me faltó robar alguno? Desafortunadamente sí, uno. ¿Ella quería ser asaltada? Creo que sí, pero sabes, después de todo, hoy es un buen día.
m77 | Cuentos | 16 Noviembre, 8:18am
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Hoy, como cada viernes, iré con mis amigos a Plaza del Parque; eso no cambia y creo que jamás lo hará, lo especial es que ella va a estar ahí, su amiga me dijo. Tomé prestada la playera favorita de Max, sólo espero llegar antes que él a casa para que no lo note. La última vez, hace 14 meses, se molestó muchísimo y me metió de cabeza en el basurero de la esquina, todavía no se me pasa la vergüenza; no importa, vale la pena el riesgo. Por más que le rogué a mi mamá me prestara el auto, se negó rotundamente; desde el inicio me puso de pretexto que todavía no estoy listo para manejar afuera de la colonia, de nada sirvieron mis sacrificios durante la semana: ir a la tienda, lavar los trastos, mantener mi cuarto no tan tirado, limpiar las gracias de Spooky, etc. Le llamé a Chuy, y por suerte a él si se lo prestaron.
Llegamos algo tarde al centro comercial, en parte por desorganizados, pero más por mantener la actitud relajada. No tardamos en encontrarlas, un par de tiendas, unos pasos y ya estábamos en la nevería, ordenando, justo delante de la mesa que ocupaban. Armado con un helado de fresa, traté de mantenerle la mirada; resulta fácil cuando está charlando, pero imposible cuando la regresa. No es que sus ojos tengan una expresión inquisidora, al contrario, si fuera un poco romántico diría que temo perderme en ese dulce y enorme par de soles, pero la verdad es que me cohíbe, hace que no pueda controlarme y que termine actuando torpemente. Me perdí el chiste de Daniel; y no era para menos, cuando sonríe tiene la magia de convertir los enunciados en blah blah's estructurados. Por suerte salí del trance antes de que se hiciera notorio mi retraso, y rápidamente ocupé la silla que me correspondía desde donde podía seguir contemplándola. Y así fue.
El torrente de blah blah's no cesó, salvo contadas ocasiones en que algún codazo me invitaba a contestar las preguntas que no había escuchado. No puedo decir cuánto tiempo pasó, sólo que había estado dándole largas a la nieve para que no se acabara. Por hechizado casi me pierdo aquella oportunidad que había estado anhelando con ansias, cuando se levantó a tirar su vaso con la servilleta casi intacta; la mía se hacía la difícil deslizándose un poco más lejos en cada intento de agarrarla, mis piernas no querían responder y mi corazón bailaba al ritmo de la samba. En un esfuerzo sobrehumano pude calcular la llegada sincronizada al bote. Ella levantó la vista, la fijó en la mía, y sonrió discretamente mientras su piel enrojecía. Yo, que ya iba encarrilado, pude ver mi silueta en sus ojos, sonreí, y pronuncié un hola. Ella respondió continuando con un comentario sobre una película, ¿o del cine?, esperó unos segundos, de esos que duran siglos, y se marchó con un vaivén de su mano derecha mientras lentamente sus ojos, junto con su rostro y su cuerpo cambiaban de dirección.
Regresé sobre mis pasos, derrotado, pero para mi sorpresa al recibimiento sólo le faltaron las fanfarrias. La tropa estaba completamente extasiada y vitoreaban lo que a su parecer fue una gran hazaña. Pronto recuperé el valor e hicimos de buscarla nuestra misión. Al batallón lo guié por los pasillos centrales, desplegando pequeños comandos especiales que por desgracia reportaban la falta de novedad. No duramos mucho antes de concluir que habían entrado a alguna sala. El servicio de inteligencia dictaminó que a las 10 en punto deberíamos continuar nuestro cometido; de modo que sugerí un receso en el local de video juegos; perdón, ordené prácticas de entrenamiento en el aula de realidad virtual y simuladores.
Nos divertimos mucho, incluso me relajé. En un descuido conseguí papel y pluma y me senté a escribir lo que quería decirle, esta vez no me iba a tomar desprevenido. Al finalizar, tomé la hoja y justo antes de botarla probé mi talento, hoy en desuso, en el origami, convirtiéndola en una linda flor que no me atreví a tirar. Llegó la hora, y fuimos en su búsqueda. Encontramos a sus amigas y las abordamos de inmediato. Ana me comentó que acababan de pasar por ella, de modo que tomé la rosa y le pedí que la entregara al día siguiente, en su escuela.
m77 | Cuentos | 7 Septiembre, 10:32am
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Hoy es mi último día en Varsovia, el tren parte en unas horas rumbo al sur. Podría quedarme, ¿sabes? Lo sabes, ¿verdad? Pero sin ti, qué caso tendría. Cuál es la parte fascinante de vivir en un mar repleto de sirenas cuando uno ya puso más que los ojos en una en especial. Además, cómo ibas a saberlo si jamás pactamos sueños fuera del convenio habitual por estas tierras. En parte creo que es lo mejor, de qué otra manera se forjan las leyendas con las que suelen soñar las princesas, y sí, debo admitirlo, no tendría dónde esconder la cara llena de vergüenza de que me vieras así, como un crío, cual vil lepe, desesperado, tanto como sólo puede estarlo un pequeño estudiante de secundaria que empieza a descubrir los misterios que mueven montañas.
Debo confesar, de cualquier forma jamás lo sabrás, que he vuelto a la plaza, pero hoy está fría, hay unos cuantos turistas alrededor de la fuente de Sawa y otros tantos en las terrazas que la rodean, pero faltan los puestos, el color, los aromas, los heladeros, el señor que nos obsequió el algodón de azúcar, el trovador que ocupaba la banca de piedra, las jovencitas vendiendo postales, los niños correteando a las palomas, el bullicio, las baratijas de la india, los activistas con sus panfletos del panem ministrem, el hombre del piano en el Dekerta, el artista que nos plasmó en el lienzo, las señoras que ofertaban suéteres tejidos a mano, el pirata que se dejaba sacar fotos con los niños, el payaso que los dibujaba, el grupo de bailarines de salsa, la mesera inoportuna del Arkadia, los guardias haciendo sus rondas, las empleadas del Przy Dunaju llevabando cafés a todas partes, los carritos donde podías adquirir bolsas de palomitas recién hechas, las parejas de enamorados, los recién casados, las cajas de madera repletas de fruta de temporada, las carretas paseando familias, el poder escuchar más de 5 idiomas desde donde te encontraras, el señor que nos permitió probarnos todas las prendas antiguas que tenía a la venta, es más, ni siquiera todos los negocios que cuentan con local abrieron, como es el caso de Sepia, qué hace la gente si hoy decide que le gustaría contar con una instantánea de época, o si se le antoja una pasta ya que el L'Angulo di Roma también está apagado.
Aquí he estado, entreteniéndome con la cámara, podría ya montar toda una exposición con las más de 900 fotos que le he tomado, el único rincón ausente es el Café Keks, y es que perdería el encanto si no estuvieras ahí, sentada en la esquina con tu vestido café y el rezago de tela azul sujetándote el cabello, totalmente abstracta a tu entorno, completamente sumergida en la tranquilidad, hermosura y simetría radial de los geranios bicolor que adornan la mesa, sujetando, con ambas manos, una taza verde, grande, casi completamente llena chocolate caliente con un poco de canela. Y yo, que todavía no descubro de dónde tomé prestado el valor para capturarte tan de cerca, rompiendo el hechizo con un «click» de la cámara, reprochándome el haber arruinado tu momento pero a la par, orgulloso, sabiéndome poseedor de semejante cuadro. Recuerdo perfectamente tu expresión, sorprendida, apenada y atónita, pero al final sonreíste y con eso el tono de tu piel volvió a la normalidad. El resto, para qué te lo cuento si fuiste coautora de la increíble fantasía.
Decidí venir 15 minutos antes del momento en que nos conocimos, olvidando que en estas situaciones el reloj se empeña en hacer horas los segundos. Pero ya, creo que es tiempo, el sol se ha comenzado a poner y la campana que se encuentra en la esquina de Zapiecek con Swietojanska ha empezado a repicar. Son las 7 en punto, el Café Keks está a mi espalda, así ha estado todo este tiempo, pero en este momento eso cambia porque he comenzado a volte«click»
m77 | Cuentos | 7 Agosto, 11:32pm
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Las paredes son de piedra, unas piedras desgastadas, deslavadas, próximas a quedar lisas, escasos son los rasgos que las diferencian, pareciera que gustaran de las duchas de arena a presión o que hubieran estado ahí por siempre, en algunas ya no se logra distinguir donde empiezan o donde terminan, blancas algún día, tal vez, hoy amarillentas, grisáceas, opacas, algunas incluso ahumadas, unas piedras que casi han perdido su identidad, pero juntas, juntas forman el Hedone.
Hay que entrar por un pequeño túnel, obscuro, seco y con olor a vainilla. Al final, una barra alumbrada tenuemente, custodiada por Vaike; mujer de tez color nieve, alta, tal vez demasiado, cabello largo, negro y lacio, ojos azules, penetrantes, y cuerpo esbelto, un tanto atlético. Ella de pie, con las piernas separadas, con los tobillos alineados con los hombros, sin flexionar las rodillas; a la altura de la cadera su cuerpo presenta una marcada inclinación hacia enfrente, apoyada con ambas manos en el mostrador, disimulando con una sonrisa las carcajadas que le provocan tantos desesperados en la misma situación. Con un inglés marcado por tantos años de ruso impuesto me preguntó si sabía lo que quería, rematando con un guiño; yo, que aunque muy vivido jamás había estado en estos lugares, respondí que no. Extendiendo su brazo me facilitó un menú, sobrio, elegante, que contenía cada uno de los masajes con su precio y duración, seguidos por una pequeña pero detallada explicación. Mientras leía, sentía como aporreaban mi pudor, conforme avanzaba, la paliza iba siendo más severa, incluso hubieron palabras cuyo significado es todavía un enigma para mi, pero que sonaban salvajemente deliciosas.
De pronto una cortina, antes imperceptible, deja al descubierto un pasillo inundado de pequeñas puertas alumbrado por velas. Detrás de ésta aparece una silueta femenina, incluso de mayor estética que la de Vaike, apenas cubierta con un pareo delgado aferrado a su figura. Piel canela regalada por el sol, descalza, de pies diminutos, piernas largas, delgadas y torneadas, exageradamente bien torneadas, con unas caderas que retaban a cualquiera, el abdomen tenuemente marcado, con una piedra ámbar columpiándose del ombligo por su diminuta cintura, unos pechos, redondos, ligeramente más grandes que un par de manzanas y perfectamente en su lugar, una hendidura pronunciada donde nace la clavícula, que en otros tiempos habría servido maravillosamente de copa para mi tequila, del cuello colgaban dos hilos, rodeándolo, protegiéndolo, tensados por una pequeña cruz de plata, de cara alargada, barbilla pronunciada, labios afilados, pómulos enorgullecidos, nariz recta, delgada, ojos enormes, redondos, azul turquesa, frente amplia, orejas tímidas, con una melena rubia, rizada y mal sujeta por una pinza derrotada. Levantó la mirada y la detuvo justo donde se encontraba la mía, esperó a que me incorporara y pronunció:
- Hola guapo, disfruta tu jugada de dominó... nos vemos en la casa, recuerda que hace falta leche.
Escrito desde una mesa del Nimeta Baar en Tallín, Estonia.
m77 | Cuentos | 25 Julio, 3:42pm
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Hacía tiempo que te venía buscando. No es que uno, ya con algunas canas, se ponga un tanto quisquilloso, tampoco que haga falta, si la compañía jamás había estado tan bien cotizada; simplemente me encontré con mucho tiempo libre y una escasez impresionante de dignas candidatas. Recorrí las tierras que en tiempos lejanos nos vieron crecer para descubrir que la sequía había acabado con todo. Emigré, sólo para encontrar espejismos en los poblados vecinos. Me adentré en la selva para constatar que la civilización, como la conocemos, carece de una idea zurda. Fue entonces que volé, lejos, al país de los sueños, de donde vienen los cuentos. Mi primer impulso fue husmear en la ciudad que lleva tu nombre, pero no me conformé con la vista. Nadé hasta el reino y encontré sólo torres frías y vacías. Me interné en el bosque encantado, donde creí mirarte en la corteza de un árbol a la orilla del lago. Abatido, huí al fin del mundo, y mientras trataba de olvidarte con una rebanada... sonreíste. Kiitos!
m77 | Cuentos | 19 Julio, 2:41pm
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Ayer fue un buen día, por lo menos para nosotros. Hoy, hoy es un día triste, por lo menos para mi. Ayer celebrábamos la graduación de nuestra pequeña, la hija de todos los que por aquí vivimos, la niña devora libros, la chamaca de los comentarios inteligentes, la lepe preciosa y simpática, la chiquilla que nos hacía el día con una sonrisa, la chavita de los ojos enormes color mar, hoy día mujer y audaz periodista, que tiene que partir a enfrentarse al mundo real. Lore, su mamá, la amiga de todos, mi amiga, mi mejor amiga, la mujer más hermosa en todas las connotaciones de esa palabra, la de la mente más hábil, la que funciona a base de café, la del excelente sentido del humor, la que dice todo con una mirada, el amor de mi vida, que no cabía del orgullo y felicidad que su crío le produce, hoy, hoy ha decidido mudarse, ya que no soporta vivir en este pueblo sin su niña.
Tal vez nos volvamos a encontrar, pero estoy seguro que cuando eso pase ella ya no será Lore y yo, yo ya no estaré detrás de la barra esperando.
Suerte niñas,
L.
PS: ¿Ahora qué vamos a hacer Bonj?
m77 | Cuentos | 16 Mayo, 8:49pm
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V. escribió:
> Tenia rato sin hablarles ¿no? Ya ven, ya ven, siempre hay razones,
> pero bueno este no es un espacio para soltarme la lengua, hahaha,
> ¿o si? Hahaha..
>
> Bueno y ¿hoy a qué vengo? Pues a charlar un ratito, a contarles
> otra de princesas, de esas historias que me gusta narrarles…
> Pero esta es, un poquito diferente, ¿por qué es diferente? Porque
> nunca había escrito una sin saber el final…
>
> ¿Y quién es ella? Ella es de otro mundo, ella no es de por aquí, hay
> días que ella misma dice que no existe, ¿y cómo la encontré? Como
> podrán imaginarse, la conocí leyendo, ella no era parte del cuento,
> no era personaje principal ni secundarios, ni de esas caras
> desconocidas que se ven en las concentraciones sociales, no estaba
> ni el prólogo, ni en epilogo, ni siquiera en las pastas, ella, era la
> escritora. Yo creo que lo interesante del asunto es el pasar de autora
> a princesita rosa, los comos y los porques, el volverte leyenda o
> sueño, el convertirte en pesadilla convencional, en ilusión, pero lo
> verdaderamente extraño, es que ella ya era eso pero no se había
> dado cuenta, escribía sin saber que ella era un cuento, igual a veces
> se daba cuenta, pero seguía normal, o bueno dentro de lo que cabe…
>
> Y bueno ¿cuál es la historia que vengo a decirles?
> Ninguna, solo quería hacerles saber que sigo escribiendo, que sigo
> vivo. Y que a veces cuando escribo, cierro un ojo.
Yo solía gustar de la lectura, no sólo eran libros sobre pingüinos, ñus, y otros animales como lo son ahora, no, antes, también disfrutaba de las historias, de los cuentos y novelas... ¿Tienes un par de minutos? Te platico.
Un día, un compañero de la universidad me presentó un libro afirmando que era el mejor de todos, yo lo tomé con algo de desconfianza ya que no tenía ni una sola hoja doblada, la pasta estaba en perfectas condiciones y demasiado bonita... parecía una casa de muñecas más que un texto interesante. No puede ser tan bueno, pensé, pero por no desairarlo lo llevé a casa. Ese día no hubo plan, la tv transmitía la porquería habitual, y la conexión a internet estaba muerta. Más de una vez me rehusé a tomarlo, pero como iban ya varias noches que la luna no había salido, dije ¿qué más da? Contaba la historia de un tipo al que una cubana, que nunca le juró amor, le había raptado el corazón. Vaya tema trillado, podrás estar pensando, y sí, te concedo ese punto, pero la manera de escribir tenía algo, no era habitual su ingenio para disponer así de los personajes ni el trazo de la historia, al terminarlo rápidamente busqué en la portadilla para leer sobre el autor. Ahora ya sabía algunas cosas, era mujer, tiene la melena larga y las ideas también. Sin reparar en ser cuidadoso, regresé el libro sin dañarlo, tal cuál me lo había prestado, y me olvidé de ese asunto.
A los pocos días, traté de retomar un cuento que jamás vio la luz, pero vamos, que sólo estaba compuesto de palabras largas, que son tristes a la hora de salir, y no más. Tal vez me cansé de esperar el final feliz, así que terminé borrando ese archivo y con la pantalla en blanco, redacté a un personaje, de esos que no han venido a pedir que los quieras. No supe ni cómo, pero este héroe terminó enamorando a la fulana de la Habana...
A los pocos días se presentó la escritora, estaba interesada en conocer la manera en que se habían dado las cosas para desembocar en un idilio. Yo justifiqué la mala memoria alegando ser un caballero, pero me valí de un par de trucos para mantener la comunicación... en aquellos tiempos me era fácil retener la atención de las mujeres jóvenes. Poco a poco nos fuimos conociendo, a la par que nuestros cuentos se empeñaron en entrelazarse. Más de uno de mis legionarios partió, sólo con lo que llevaba puesto, hacia alguna costa, donde solían habitar sus princesas. Algunos de ellos encontraron un final feliz y se quedaron por allá, otros regresaron con el corazón hecho pedazos, y unos cuantos, la mayoría en realidad, se perdieron, o se convirtieron en rebeldes vagabundos errantes en textos ajenos. Era fascinante encontrar lugares ajenos en mi propios relatos, descubrir el paradero de alguno de mis cabos en los suyos, incluso llegamos a tener personajes que ninguno de los dos habíamos creado, pero lo realmente excitante era el honor de tener a alguna princesita, en sus diferentes presentaciones, como huésped. En un esfuerzo por mantener la sensatez dentro de nuestras creaciones acordamos, ella y yo, que yo no trataría de retratar a mis soldados con las cualidades que me gustaría poseer, a cambio, ella, no se calcaría en el papel.
De ese modo, nuestros lectores no batallaron más en seguir la trama, dejaron de preguntarse por qué llegaban, como un ladrón, personajes ajenos a romper las historias que mantenían su atención. A ellos, eso los hizo felices, o por lo menos eso quiero creer; a ella, eso la llevó lejos, más lejos de lo que una visita casual podría justificar; y a mi, a mi me metió en problemas, mis guerrilleros se fugaron, mis manos hicieron huelga, mi cabeza dejó de consultar sus decisiones conmigo y mi corazón empacó empujando el viento y siguió con sus pasos hacia el mar, dejando en su lugar a la nostalgia que nos trae la soledad. Considero que esto hubiera tenido un desenlace diferente si a ella le hubieran sobrado un par de años, o a mi un poco de fuerza; aunque debo admitir que parte de su encanto era precisamente su manera de ir descubriendo el mundo.
Pasó el tiempo y justo ahora con tantos adelantos tecnológicos encaminados a comunicarnos, nos volvimos a encontrar, y dejamos los sobrenombres para otra ocasión. Ella, bajó del trono, yo, yo me quité el uniforme de sargento, y nos quedamos solos acortando la distancia, y pronunció miles te quieros sin hablar. Cuando tocó mi turno, los astros se rieron otra vez y desarmado ya me vi, así que no pude evitar quedarme en silencio, fue tanta la felicidad de un solo golpe que no supe responder... se perdió la conexión.
Estoy seguro que ella lo sabe, y no dice nada, de modo que he convencido a mis manos de seguir pulsando historias en este teclado. Para no faltar a mi promesa ahora cuento cuentos de princesas, de todas maneras mis escuderos desertaron, con la esperanza de que ella haga lo propio y narre las aventuras de cualquier clase de barbaján que logre continuar la historia que nunca comenzó.
Es tan fácil volver al pasado y aferrarse a una ilusión, lamentarse de un amor frustrado y de lo que no sucedió... No me malinterpretes, no es mi intención advertirte que no la hagas un personaje principal de tus cuentos, de hecho no trato de aconsejarte en lo absoluto, creo que sólo ha sido un desahogo ya que me daba rabia que todo este anhelo se pudriera en el silencio... sin contarlo.
M.
PS: Disculpa pero creo que al contestarte me encontraba bastante influenciado por el nuevo disco de Edgar Oceransky Solo... ni tan solo.
Update: Pues V. por fin publicó el pod donde narra este cuento, lo pueden escuchar aquí: Ella (Princesa y cuento)
m77 | Cuentos | 11 Mayo, 12:05am
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